OTOÑO

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La casa.

Autor: J. Patrick Lewis.

Ilustrador: Roberto Innocenti.

Editorial: Kalandraka

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Títulos de otoño.


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Vicente Gallego

Todo está en este cuarto, y me acompaña:

las jornadas tranquilas junto al mar,

la luz que vi y que he sido algún instante,

la luz que vi y que he sido algún instante,

la roca que frecuento,

el abandono en que caigo después de las comidas,

tras fatigar el centro de mi cuerpo,

con un golpe de sal, el balneario,

sin cristales, las villas del paseo,

que un nuevo otoño ha despoblado,

la tormenta y los gritos de las aves,

un ajetreo sordo que me envuelve

cuando todo transcurre en la inminencia,

de una ignorancia última que es

conocimiento último y sencillo:

esta dicha modesta de saberme

aquí, ahora, yo. No hay más. Acepto.

De “La luz de otra manera” 1988

 

Leyendas de Santiago

Un mundo alrededor de una leyenda.

Leyenda de Santiago Apóstol.

Santiago, hijo de Zebedeo, apóstol de Jesucristo viene a predicar por la península Ibérica durante la época de dominación romana mas absoluta. Al parecer – no está demostrado- recorrió la zona de Valencia, Galicia y Aragón sin gran éxito.

Santiago ApóstolTuvo la visita por dos veces de la Virgen, una en la Costa de la Muerte, en Muxia, a bordo de una barca de piedra que reposa en la playa y la otra en la actual Zaragoza sobre un pilar de piedra.

Se dice que solo consiguió siete seguidores que se encargaron posteriormente de predicar por estas tierras. A estos se les llamó los Siete Varones Apostólicos y fueron Teodoro, Tesifonte, Cecilio, Eufrasio, Hesiquio, Torcuato e Indalecio ( restos en San Juan de la Peña – Huesca ). Los dejó en Hispania mientras él volvía a Palestina donde como consecuencia de la persecución a los cristianos Herodes Agrippa lo capturó y mandó cortar la cabeza (año 44 de nuestra era).

Su cadáver fue abandonado en medio del monte para servir de pastos a las alimañas, pero antes de que esto ocurriera, fue rescatado por dos discípulos que lo introducen en Jaffa (Haifa) en una barca. La leyenda e historias varias hacen que la barca sin velas ni timón llegue milagrosamente, siguiendo el camino del Sol, a Iria Flavia (cerca del actual Padrón).Barca con los restos del Apóstol

La llegada de la barca a las costas llega a oídos de la reina Lupa gobernante de aquellas tierras. Le cuentan que al ser depositado el cuerpo del apóstol sobre una losa de piedra, esta se derrite como la cera ajustándose al contorno del cadáver. La reina que es pagana sospecha que esto es obra de magos y les manda encarcelar. Sin embargo son liberados por ángeles celestiales que convencen a la reina para que les deje enterrar el cuerpo en esas tierras en un sitio digno. La reina acepta a regañadientes y les da una carreta tirada por toros bravos. Estos a la voz de los apóstoles se vuelven mansos y llevan al santo hasta el Castro Lupario donde lo entierran y velan hasta que les llega la muerte.

La leyenda del Apóstol Santiago.

La leyenda de Santiago tiene su origen, como no podía ser de otra manera, en los celtas.

Rastros del viejo culto del sol y de la idea de los Campos Elíseos (“Avalon”) son visibles.

La leyenda dice que una loba aconsejó a los alumnos de Santiago que fuesen a Finisterre a pedir licencia para enterrar el sagrado cadáver de Santiago.

El gobernador les permitió esto y les envió al Picosacro en busca de bueyes (los bueyes son otro símbolo del sol).

Vencidos todos los obstáculos, los alumnos dejaron que los bueyes les indicaran el sitio donde debían dar sepultura a Santiago.

Esta morada eterna de Santiago es una clara alusión al viaje de los muertos, a la morada de las almas en Avalon.

Los Campos Elíseos son el país de los muertos situado como una isla en el mar, pero ningún ser vivo puede situarlo.

Una barca en la que viajan las almas de los muertos conduce allí, de donde nunca se vuelve.

Como la eterna morada de Santiago es Finisterre, donde la tierra acaba y el mar empieza, se ve que los alumnos de Santiago le ayudaron a ir a su eterna morada, los Campos Elíseos.

¿Prisciliano o Santiago?

Es difícil documentar si los seguidores del druida Prisciliano formaron o no, una “Sociedad Secreta”, pero lo cierto es que tuvo seguidores y estos velaron su existencia a los ojos extraños. El nacimiento del priscilianismo se enmarca en la época final de la “bagauda”, chispa de furia campesina que tuvo como bandera y meta el ataque a los ricos latifundios y que prendió con fuerza en tierras gallegas. Los priscilianistas en su “herejía” denunciaban la santa alianza de la Iglesias con el poder temporal, sembraron sus raíces entre las capas populares mal romanizadas de Galicia y el Duero. Preocupados por la anarquía, la Iglesia y el Estado se formó un frente común para silenciar a los disidentes, que reprimió el credo profético de Prisciliano a la vez que el movimiento “bagauda” terminó aplastado bajo el peso de las tropas germanas a sueldo de Roma.
Prisciliano nació hacia el año 349 en Iria Flavia en el útero mismo de la Galicia esotérica y mágica, frente a la Costa de la Muerte, el lugar donde el Sol va a morir cada día hundiéndose en la aguas del océano del Mar Tenebroso.
Iria Flavia es por aquel entonces un mítico lugar de ancestrales cultos celtas, enclavada en un altozano que pareciera un gigantesco menhir, se decía que era lugar de peregrinación de los druidas del continente, última etapa de su iniciación antes de llegar a los confines del Finisterrae.
Sabemos que aquel joven gallego empujado por su pasión por el gnosticismo conoció a Ágape y Marcos, discípulos de Basilides, hombre clave del hermetismo maniqueo más esotérico, fue Prisciliano también discípulo de Delphidius catedrático de retórica y poeta, considerado descendiente directo de los druidas.
Prisciliano fundó en Burdeos, junto con Elpidio una comunidad de pensadores, vestían túnicas blancas y se dedicaban, entre otras muchas labores, a la recolección de piedras sagradas (abraxas) en antiguas cuevas prehistóricas de Aquitania. Amantes de la noche, trabajaban a la luz de la luna para incrementar la luminaria del fuego, tal como hacían los antiguos celtas que adoraban el plenilunio.
Expulsados de Aquitania por acusaciones de brujería, Prisciliano condujo a sus seguidores a la céltica Galicia, la cuna del paganismo, pero ni en su mágica tierra se vio libre de sus enemigos y fue acusado junto a Prócula de escándalo amoroso. Muchos historiadores sostienen que Prócula fue la inspiradora de la elección de la concha de vieira como símbolo del peregrinaje jacobeo.
Jamás se rindió Prisciliano a las falsas acusaciones de sus enemigos, llegó a ser obispo de Ávila, predicó la pobreza como virtud y los evangelios apócrifos, ampliando con el paso del tiempo el número de sus seguidores que reclutaba entre las élites culturales y de poder.
Fue tan grande su influencia que fue perseguido por las más altas instancias de la iglesia hasta que lograron su condena a muerte tras sufrir grandes torturas acusado de maniqueo, hermetista y llegando a decirse de él que era la reencarnación de un brujo druida de la prehistoria gallega.
La cabeza de Prisciliano rodó en Tréveris, en la primavera del año 385, ante los extasiados ojos de un público que no entendía lo que estaba pasando.
Con Prisciliano muere su historia y nace su mito. Cuatro años más tarde un grupo de seguidores gallegos llega a la cuidad alemana de Tréveris. Reclaman el cuerpo de Prisciliano y sus discípulos para transportarlos a su hermética tierra de druidas y darle cristiana sepultura. Con él muere la leyenda herética y nace la secreta historia de Prisciliano y sus discípulos.
El cuerpo es llevado a hombros a lo largo de la Galia y la Hispania, recorriendo “casualmente” un itinerario que con el paso de los siglos se convertirá en la ruta jacobea, el hoy popular Camino de Santiago. Prisciliano fue inhumado en su tierra natal, Iria Flavia. Muy posiblemente sus restos mortales pasarían siglos después a la cripta de la catedral de Compostela bajo el velo protector de la leyenda de Santiago Apóstol.

Casi nada se puede afirmar del silencioso trabajo de sus seguidores, si fueron ellos quienes trazaron la ruta jacobea o ésta ya era un itinerario druida anterior, si los restos que hoy se atribuyen a Santiago Apóstol son lo de Prisciliano, si lo Cátaros, Masarríes o los Templarios que surgieron años después eran seguidores de este gnóstico o si aún hoy otras Sociedades Secretas siguen sus postulados o algunos de ellos, como es el caso de la masonería.
Sea como fuere, Prisciliano creó una Escuela Gnóstica de gran influencia en los años posteriores, escuela que proclamaba la liberación a través del conocimiento, en contraposición a la salvación a través de la fe.

Historia, leyenda y significado de Santiago.

En el Noroeste de España, en la céltica y verde Galicia, a la que los romanos llamaron “Finis Terrae”, por ser el extremo más occidental del mundo hasta entonces conocido, cuenta la tradición que estuvo el Apóstol Santiago, como llaman los españoles a Jacob el hijo de Zebedeo y hermano de Juan el Evangelista.
Cuentan las confusas narraciones de los primeros años de la cristiandad que a él le fueron adjudicadas las tierras españolas para predicar el Evangelio, y que en esta tarea llegó hasta la desembocadura del río Ulla. Sin embargo con poco éxito y escaso número de discípulos, por lo que decidió volver a Jerusalén.
Cuando regresó a Palestina, en el año 44, fue torturado y decapitado por Herodes Agripa, y se prohibió que fuese enterrado. Sin embargo sus discípulos, en secreto, durante la noche trasladaron su cuerpo hasta la orilla del mar, donde encontraron una barca preparada para navegar pero sin tripulación. Allí depositaron en un sepulcro de mármol el cuerpo del apóstol que llegaría tras la travesía marítima, remontando el río Ulla hasta el puerto romano, en la costa Gallega, de Iria Flavia, la capital de la Galicia romana. Allí enterraron su cuerpo en un compostum o cementerio en el cercano bosque de Liberum Donum, donde levantaron un altar sobre el arca de mármol.
Tras las persecuciones y prohibiciones de visitar el lugar, se olvidó la existencia del mismo, hasta que en el año 813 el eremita Pelayo observó resplandores y oyó cánticos en el lugar. En base a este suceso se llamaría al lugar Campus Stellae, o Campo de la Estrella, de donde derivaría al actual nombre de Compostela.
El eremita advirtió al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, quien después de apartar la maleza descubrió los restos del apóstol identificados por la inscripción en la lápida. Informado el Rey Alfonso II del hallazgo, acudió al lugar y proclamó al apóstol Santiago patrono del reino, edificando allí un santuario que más tarde llegaría a ser la Catedral. A partir de esta declaración oficial los milagros y apariciones se repetirían en el lugar, dando lugar a numerosas historias y leyendas destinadas a infundir valor a los guerreros que luchaban contra los avances del Al-Andalus y a los peregrinos que poco a poco iban trazando el Camino de Santiago.
Una de ellas narra como Ramiro I, en la batalla de Clavijo, venció a las tropas de Abderramán II ayudado por un jinete sobre un caballo blanco que luchaba a su lado y que resultó ser el Apóstol. A partir de entonces surgió el mito que lo convirtió en patrón de la reconquista.
A partir del s. XI Santiago ejerció una fuerte atracción sobre el cristianismo europeo y fue centro de peregrinación multitudinaria, al que acudieron reyes, príncipes y santos.
En los s. XII y XIII, época en que se escribió el “Códice Calixtino”; primera guía del peregrino, la ciudad alcanzó su máximo esplendor. El Papa Calixto II concedió a la Iglesia Compostelana el “Jubileo Pleno del Año Santo” y Alejandro III lo declaró perpetuo, convirtiéndose Santiago de Compostela en Ciudad Santa junto a Jerusalén y Roma. El Año Santo se celebra cada vez que la festividad del Apóstol, el 25 de Julio, cae en domingo.

Autores clásicos que hacen referencias a Santiago.

Fray Luis de León le dedica una oda, caracterizándolo como un guerrero sanguinario:

Como león hambriento,
sigue, teñida en sangre espada y mano,
de más sangre sediento,
al moro que huye en vano;
de muertos queda lleno el monte, el llano.

Cervantes, en la segunda parte, capítulo 58 del Quijote,
hace que don Quijote se encuentre con unas imágenes que transportan
unos labradores. Una de ellas es la de Santiago; al verla, don Quijote
exclama:

“Éste sí que es caballero, y de las escuadras de Cristo; éste se
llama don San Diego Matamoros, uno de los más valientes santos y
caballeros que tuvo el mundo y tiene agora el cielo”.

Lorca, le dedica varios versos al santo.

Fragmento del poema “Santiago, balada ingenua”:

Esta noche ha pasado Santiago,
su camino de luz en el cielo
lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno […]
Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros:
iban todos cubiertos de luces
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.