Destino Europa

Este verano, os proponemos viajar por las páginas de un libro con destino a Europa. Elige un lugar y pasea por sus calles, conoce su historia, sus gentes y sus costumbres.

Porque leer es otra forma de imaginar, viajar, sentir y disfrutar. 

 El desorden que dejas / Carlos Montero – Galicia

El fotógrafo, un hombre de unos cincuenta y cinco años con una gran barriga que no le restaba agilidad para agacharse, caminar de espaldas, subir y bajar a todo lo que encontrará en el camino para conseguir el mejor tiro de cámara, animó a los novios recién casados a que se acercaran hasta la orilla del pantano, un poco más allá de las bañeras romanas termales. En Invierno el agua del embalse solía cubrir las termas, pero como en otoño no había llovido demasiado, el nivel del agua dejaba a la vista parte de las ruinas romanas y una orilla arenosa más propia de una playa que de un río.  

O último barco/ Domingo Villar – Galicia

A muller alta deixou de ler e deitouse boca arriba, cos ollos pechados, sentindo nas pálpebras o escintileo do sol.Gustáballe aquela praia en que podía pasar as horas sen outra compañía que o libro, o rumor das ondas e o canto das avesque facían os niños entre as dunas.

Estaba a quedar durmida cando creu percibir unha risa de cativo. Incorporouse e viu a sombra dunha ave movéndose na area.  

 En el café de la juventud perdida / Patrick Modiano – París

De las dos entradas del café, siempre prefería la más estrecha, la que llamaban la puerta de la sombra. Escogía la misma mesa, al fondo del local, que era pequeño. Al principio, no hablaba con nadie; luego ya conocía a los parroquianos de Le Condé, la mayoría de los cuales tenía nuestra edad, entre los diecinueve y los veinticinco años, diría yo. En ocasiones se sentaba en las mesas de ellos, pero, las más de las veces,seguía siendo adicta a su sitio, al fondo de todo. 

Viaje a Portugal / José Saramago – Portugal

Nunca tal se vio en memoria de guardia de fronteras. Ése es el primer viajero que en medio del camino para el automóvil, tiene el motor ya en Portugal pero no el deposito de gasolina que aún está en España, y él mismo se asoma al pretil en aquel centímetro exacto por donde pasa la invisible línea de la frontera. Entonces, sobre las aguas oscuras y profundas, entre los altos escarpes que van doblando los ecos, se oye la voz del viajero predicando a los peces del río:

Viaje con Clara por Alemania / Fernando Aramburu – Alemania

Después de la cena fuimos a dejar a Goethe en casa de la señora Kalthoff. Apenas había parado de llover desde la mañana, lo que por la tarde me libró de regar el jardín. Dispuse en consecuencia de más tiempo para ocuparme de las maletas. Demoramos la cena hasta que tuvimos el equipaje listo, el coche preparado y la casa recogida. A la nueve,  lo único que nos quedaba por hacer era llevar el perro a su alojamiento de los próximos meses. De acuerdo con el deseo de Clara atravesamos el pueblo por las calles lindantes con el campo por donde solemos sacar a Goethe de paseo, de que manera que el animal no descubriera demasiado pronto  que tramábamos prescindir de su compañía.

La casa de las miniaturas / Jessie Burton – Ámsterdam

La iglesia Vieja, Ámsterdam. Martes 14 de enero de 1687

El entierro debería haber sido una ceremonia íntima, ya que la difunta no tenía amigos. Sin embargo, en Amsterdam las palabras son como el agua, inundan los oídos y ceden paso a la podredumbre, de modo que el rincón oriental de la iglesia está abarrotado. La mujer presencia la escena desde una silla del coro, sin que nadie la vea,mientras los miembros de los gremios y sus esposas se acercan a la tumba abierta como hormigas atraídas por la miel.  

Los peces no cierran los ojos / Erri De Luca – Italia

-Te lo voy a decir una vez y ya es demasiado: enjuágate las manos en mar antes de poner el cebo en el anzuelo. El pez nota el olor, rehúye el bocado que viene de tierra. Haz exactamente lo que veas hacer, sin esperar a que nadie te lo diga. En el mar no es como en el colegio, no hay profesores que valgan. Está el mar, y estás tú. Y el mar no enseña nada, el mar hace, y a su manera.

Escribo en italiano sus frases y todas juntas. Cuando las decía eran escollos separados con muchas olas entre medias.

El asesinato de Sócrates / Marcos Chicot – Grecia

Esparta, 437 a.C

Deyanira respiró con rapidez varias veces, tratando de reunir algo de fuerza en medio de aquel dolor inmisericorde. Olía a sudor y sangre. Hinchó los pulmones, elevando su pecho desnudo, y empujo de nuevo para que el bebé avanzara a través de sus entrañas.

-Vas bien.

El esfuerzo la hizo gruñir mientras miraba entre sus piernas abiertas a la mujer que tenía delante, sentada con expresión ceñuda a los pies de su lecho. Desplazó la mirada hacia la otra mujer que había en la alcoba.  

Crímenes exquisitos / Vicente Garrido y Nieves Abarca – A Coruña

Lidia Naveira se ató muy fuerte sus Nike con un nudo de doble lazo. Odiaba que se le desataran  las zapatillas en el medio del camino, rompiendo el ritmo de carrera y obligándola a detenerse, sobre todo porque podía caer al suelo al pisar el cordón. Cogió el iPhone para elegir el listado de música que  escucharía durante el entrenamiento:Lady  Gaga, Beyoncé, Shakira, Katy Perry…canciones que la animaban y la ponían de buen humor.

Nosotros los ahogados/ Carsten Jensen

Laurids Madsen estuvo en el Cielo, pero volvió a bajar gracias a sus botas.

No subió tan alto como la cabeza del mástil, apenas hasta la verga mayor de una goleta de tres palos. Estuvo a las puertas del Paraíso y vio a San Pedro, aunque el guardián de la entrada al más allá no le enseñara más que el culo.

Laurids madsen debería haber muerto, pero, como la muerte no lo quería, se convirtió en otra persona   

Además, en la Biblioteca Fórum tenemos una muestra bibliográfica “Le, viaxa, sóña… e Verás que Verán en la que encontraréis lecturas, cine y música que os harán viajar a distintos lugares, sin necesidad de hacer la maleta.

Escucha nuestra lista de Spotify y disfruta del verano viajando entre lecturas

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